§ Nuestra historia · 1994 — hoy

Hay historias que no empiezan con un plan, sino con un cambio.

Con un momento en el que lo que parecía estable deja de serlo y obliga a tomar decisiones, a moverse, a probar… y, en ese movimiento, a descubrir algo que ya estaba ahí desde el principio.

Bodegón con jamón, queso, tomate y sal de Cabezón — La Abacería de la Sal

Nacho no venía de la hostelería. Era fresador, un oficio preciso, de los que exigen atención al detalle y paciencia.

Pero el mundo cambió, las máquinas evolucionaron y aquel trabajo dejó de tener sitio. Y entonces, en lugar de resistirse, hizo algo que marcaría todo lo que vino después: mirar hacia otro lado y empezar de nuevo, guiándose por algo mucho más intuitivo que aprendido.

Le gustaba comer bien. Le gustaba observar. Le gustaba entender por qué un producto destacaba y otro no. Y con eso —sin escuela, sin manual— abrió La Bolera.

No recibía: acogía.
No ofrecía carta: proponía.
Y no cocinaba: cuidaba.

Cuidar, en su caso, significaba madrugar cada día para ir a la lonja, elegir el pescado uno a uno, recorrer kilómetros en busca del mejor producto de temporada, y traerlo a la cocina con una idea muy clara: si el producto es bueno, no necesita disfraz.

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Estampado decorativo de La Abacería de la Sal — gamba, claveles y calabaza
CAPÍTULO II

Josefina

Mientras tanto, Josefina sostenía el otro lado de todo aquello con una fortaleza silenciosa. Trabajaba entre semana fuera del restaurante y, cuando hacía falta, también estaba allí, en la sala, atendiendo, organizando, acompañando.

Sin grandes gestos, pero siendo imprescindible.

Porque esto nunca fue cosa de uno solo. Fue una manera de hacer en común.
CAPÍTULO III — Simplificar sin perder lo importante

La pequeña
abacería de
Cabezón.

El contexto cambió. Hubo que volver a ajustar, pero sin traicionar lo esencial. De esa necesidad nace la pequeña abacería, un espacio mínimo, casi un gesto, que surge del trabajo conjunto entre Nacho y Leticia.

Un tándem natural: por un lado la experiencia, el criterio y la obsesión por el producto. Por otro, una nueva mirada que ya venía formándose desde años de aprendizaje silencioso.

Sin mantel
Sin estructura tradicional.
Sin artificio
Con lo importante intacto.
Buen producto
Buen vino. Y cercanía.
CAPÍTULO IV — Hoy

La Abacería de la Sal.

Aquí ya es Leticia quien está al frente. Con todo lo aprendido en casa, pero también con su propio criterio, su forma de ver y de hacer.

Un restaurante de cocina de mercado que no pretende impresionar, pero sí acertar. Donde el norte y el sur se encuentran de manera natural, donde la tradición convive con una mirada más actual.

Aquí no hay grandes discursos. Hay una forma de hacer las cosas que viene de lejos.

“Disfrutando de la buena mesa.”